El gran susto.

11 de la noche de un día entre semana. Yo embarazada de 4 ó 5 meses. Imaginaos la escena.

Yo estaba, como buena embarazada-madre-trabajadora-de-un-peque-de-2-años, en estado catatónico desde las 10 de la noche que habíamos conseguido dormir al peque. #ElSanto, como Santo que es, estaba tendiendo la ropa intentando no hacer mucho ruido para no molestar a los vecinos. Y de repente oímos un golpe seco, seguido de un montón de golpes contra el suelo y al Trasgu llorando histérico como pocas veces le habíamos oído llorar.

Antes de nada, os pongo en situación.

Tenemos 3 habitaciones, una grande donde dormimos nosotros, una mediana pensada inicialmente para el Trasgu y una pequeña, que es la que está más cerca de nuestro cuarto. Y como el Trasgu no dormía, decidimos moverle ahí para reducir el número de Kilómetros recorridos en horario nocturno. Pero, planeando la llegada del cachorro y aprovechando que ahora el Trasgu empezaba a dormir del tirón, pensamos en mover al Trasgu a la habitación mediana y dejar la pequeña para el cachorro. Con el cambio de habitaciones, también le cambiábamos de cama: de una bajita, a una alta de las que tienen otra cama por debajo y cajones.

Primera noche en la nueva cama, con barrera anti-caídas y la cama de abajo abierta hasta la mitad, mi hijo (futuro miembro del equipo del Circo del Sol) consiguió en sueños saltar la barrera, sobrevolar la cama de abajo y caer CON LA BOCA en el suelo.

Primero llegó #ElSanto, que a oscuras le cogió en brazos para calmarle, a los pocos segundos llegué yo, di la luz y vimos que estaba sangrando una barbaridad por la boca. ¡Vaya espectáculo! En serio, yo solo he visto tanta sangre en las pelis de SAW.

Le llevamos corriendo al baño, le aclaramos la boca y al ratito vimos que tenía la encía de arriba morada, inflamada y se le habían movido los paletos. Qué miedo sentí. En ese momento recuerdo que dije: “¡A urgencias pero ya!”

urgencias-hospital

Nos fuimos volando a urgencias y le miraron que no tuviese un traumatismo craneoencefálico. Todo estaba bien y nos dijeron que, solo a modo de precaución, se quedara dos días en casa y que estuviésemos atentos si no se movía bien o si vomitaba. Nos mandaron a casa, el peque parecía estar bien. Pobrecito mi niño, y todo esto además justo el día que tenía su exhibición de natación.

Por la mañana del día siguiente, la boca del peque estaba totalmente inflamada, los labios, la encía… y pensamos que lo mejor sería llevarle también a urgencias dentales. Allí le hicieron una radiografía. El peque se portó como un campeón, quedándose solo con los médicos ya que yo, como estaba embarazada, no me podía quedar con él. Parecía que los dientes no se habían roto, ni fisurado, “solo” desplazado a causa del golpe. Nos dijeron que había tres posibilidades:

A.- Los dientes se pondrían grises, y se caerían antes de tiempo.

B.- Los dientes se pondrían grises, pero no se caerían.

C.- No le pasaría nada a los dientes.

Para evitar infecciones, nos dijeron que le diesemos una cremita todos los días y que le lavásemos la boca 3 veces al día. Y nos lo tomamos súper en serio.

Pues, más de medio año después, estoy muy feliz de anunciar que al peque se le pusieron grises los paletos, y con el tiempo volvieron a blanco y casi casi a su posición original. ¡Vaya susto! Menos mal que acabó bien 🙂

 

 

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